domingo, 24 de febrero de 2008

EJERCICIO DE NURIA FERRER:

Fuma desesperadamente y mira en todos los sentidos de una forma muy rápida, en cuanto percibe un leve movimiento, tiene que saber de quien se trata, cómo es… También reflexiona en repetidas veces sobre su pasado: las elecciones que tomó y qué hubiera sucedido si hubiera escogido las otras opciones, que le presentó la vida.
Está allí sentada en el mismo lugar que todas las tardes, en esa calle tan transitada y cercana de su casa, buscando con la mirada los rostros de las personas, que les responda gestualmente: haya un cruce de miradas, una sonrisa, UNA SEÑAL; para que dé el primer paso a algo más. Pero está perdiendo el tiempo y su vida; el amor verdadero no, no se busca ni tan siquiera se piensa todo el tiempo en él, porque de ese modo nunca llegaría. Hay que dejar que la diosa Fortuna haga su trabajo sin objeciones, que solamente provocarán la duración de su tardía.

Pero día tras día y siempre que el tiempo se lo permita, ella está allí, esperando a que alguien le corresponda, aunque siempre es lo mismo: personas con mucha prisa que solamente miran por mirar. Esta vez tiene todas las opciones de que sea como siempre, pero justo cuando se dispone a levantarse, de repente siente como un fuerte mareo se apodera de su cabeza, que le obliga a sentarse con la esperanza de que se pase enseguida, pero no es así, sino que cada vez va a más hasta que termina por desmayarse. Cinco segundos después, se incorpora y lo primero que ve, es un rostro angelical, inocente con sus ojos claros, que se preocupa por su salud y además se ofrece a llevarla hasta la misma puerta de su casa. Ella desconcertada por la situación acepta, donde al final, la persona desconocida traspasa el umbral de la gran puerta brindad de madera.

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