martes, 12 de febrero de 2008

EJERCICIO DE NURIA FERRER:

Oigo muchos ruidos. No sabo muy bien que está pasando. Estoy tumbado en algo blandito, con mi osito y alrededor hay muchos palos, aunque me pueda escapar por arriba, ahora no puedo porque tengo mucho sueño. Será muy tarde, cuando los niños están muy dormidos. Voy a quejarme, para que venga alguien y se acaben esas voces, que no me han dejado terminar ese sueño, donde estaba encima de una montaña de muchos y ricos dulces. Mis chillidos y lloros, aunque son muy ruidosos, no los escuchan mis papás. Mi mamá es una chica muy joven, es lo que siempre oigo decir a mi yaya y también que no terminó de estudiar por mí y que ahora trabaja mucho. Mi yaya siempre se queja de que mi papá está en casa y no trabaja. Recordando todo esto me he tranquilizado y ahora estoy sentado en silencio, escuchando y me parecen que son mis papás los que discuten, dicen algo así:

- ¡Estoy harta de ti! (...) siempre soy la que me estoy sacrificando en todo (...). He dejado una carrera, era mi única oportunidad de ser alguien en la vida y de hacer lo que me gustaba (…).
- Yo no tengo la culpa que viviéramos una noche sin límites, también fue tu responsabilidad, tu culpa (…).

Muchas palabras no sabo lo que quieren decir, son muy raras y tampoco me acuerdo de todo lo que hablan. También dicen:

- Durante estos tres años he perdido mi beca, no me hablo con mi padre, he perdido mi vida social con la que tanto soñé y tanto me costó conseguir (…)
- No te das cuenta que solo estás hablando de ti, como si fueras lo único que te importará en la vida.
- ¡Qué! Sabes muy bien que no es así. Eres tú al que encuentro tumbado, cuando llego del trabajo cansada, sin haber limpiado la casa, sin haber hecho la cama o incluso sin haber recogido la mesa después de comer (…). Por si no te has dado cuenta la cuestión es que pienses más en mí, ya que no trabajas, ayúdame que yo no puedo con todo.
- Mira lo he estado reflexionando y me cuesta mucho llegar a esta conclusión, pero será mejor que te vayas de mi casa y que nos tomemos un buen tiempo por el bien del niño, hasta que tú encuentres un trabajo estable y que tu comportamiento corresponda al de una persona madura (…).
- ¡Qué! Y ¿quién se queda con el niño durante toda la tarde?
- Mi madre perfectamente y seguro que le aportará más cariño, más amor al niño que tú.
- (…).

Creo que están hablando de mí, lo sabo porque usan esa palabra “niño”. Enseguida la he aprendido porque es muy cortita. En el parque, cuando me lleva mi papá, las mamás de mis amiguitos no les llaman a sus hijos “niño”, sino cielín, cariño, o bien por su nombre, pero a mí siempre “niño”, no me gusta, no me divierte. Tampoco me hacen tonterías de cogerme la nariz, de hacer palmas ni se esconden su cara detrás de sus manos, diciendo cu-cu como si me lo hace mi yaya. Ella si es muy cariñosa conmigo y me da muchos besos, eso me gusta, aunque mira muy raro a mi papá. Él siempre está callado, cuando está la yaya.

Todavía siguen discutiendo:
- Te crees qué no me doy cuenta, que en cuanto me “duermo” sales con tus amigos de copas, gastándote la mitad de mi sueldo, ¿eh?
- Está bien, entonces ya no pinto nada en TU casa, será mejor que me vaya, ya que todo lo que me rodea es fruto de un error (…).

Han entrado en la habitación, mi papá está muy nervioso y está recogiendo toda su ropa, mi mamá se ha quedado en la puerta con agua en los ojos, me da mucha pena y enseguida me pongo a llorar. Mi mamá corre a cogerme y mi papá se ha parado, me mira muy fijamente, se dirige hacia mí y me dice:

- Nos volveremos a ver muy pronto, no te preocupes CARIÑO, te quiero.

Nunca me lo había dicho, aunque mi mamá tampoco me lo dice. Me abraza, pero cuando abro de nuevo los ojos no está.

No hay comentarios: