lunes, 4 de febrero de 2008

UN DÍA DE EXÁMENES: (Nuria Ferrer)

Levanto la cabeza, todo sigue igual, la profesora cincuentona observa con mucha atención a los alumnos, para que no copien ni realicen ningún tipo de trampas. Sigo mirando y ella me observa con esas gafas de pasta, que tapan todo su rostro y que hacen un bien a la humanidad o por lo menos a la vista, añadiendo que su cara es de amargada y que dichas gafas aumentan sus asquerosos y temibles ojos, que me atemorizan. Decido mirar las diez preguntas y no me acuerdo de ninguna. Estoy muy nerviosa, no dejo de morderme continuamente las uñas, chupetearlas, de descargar mis nervios en mis pobres e indefensas uñas, ¡no me lo puedo creer, me he arrancado un padrastro! Y ahora sangro, pero poco, que pena, porque si no podría decirla que necesito ir al baño para lavarme, si sangrará más, me atrevería a preguntárselo. Vamos a ver tengo que dejar de decir tonterías y centrarme en el examen, además ella es de las estrictas, que no incumple una norma, aunque la amenaces con un cuchillo carnicero, bueno con todo esto no consigo escribir una mísera frase y ya han pasado quince minutos. Aquí el tiempo vuela; en casa, cuando estudio, se me hace eterno: los segundos me parecen minutos y los dichosos minutos horas… Me estoy empezando agobiar y unir este sentimiento con mis incontrolables nervios, puede resultar una combinación explosiva difícil de sobrellevar. Ahora empiezo a jugar con mi boli entre los dedos y a la vez no paro de mover mi pierna derecha en un movimiento de vaivén, pero qué demonios me sucede, quiero por todas mis fuerzas aprobar este examen, como sea y no dejo de evadirme, haciendo una detrás de otra estupideces. Solo oigo el continuo sonido de la punta del bolígrafo al entrar en contacto con la hoja, el que hacen todos mis compañeros al escribir sin excepción alguna, bueno si yo, la única. Parece que tengo buen oído, pero en realidad el silencio es abrumador y esos sonidos, que carecen de importancia en el día rutinario, ahora se repiten en mi cabeza sin cesar, como si se tratará de un cráneo hueco, pero un momento mis compañeros antes de entrar a clase no paraban de jurarme qué estaban muy nerviosos y no se acordaban de nada, ¿cómo han vuelto acordarse tan deprisa?, ¿por qué no me dicen el método? Tendrías que mirarlos parecen máquinas pensantes, algunos hasta sonríen y parece que van a empezar a escribir por los bordes de las hojas como sigan así, tampoco tengo que exagerar, a lo mejor se están inventando la mayoría de las preguntas y están escribiendo, como entre los adolescentes decimos, “paja”, que después, durante la corrección de la profesora, se limitará a tachar con mucho gusto, pensando sin ningún esfuerzo: “pardillos, no sabéis hacer otra cosa que hablar durante la clase y ahora os inventáis el examen como si de una película se tratase, así no vais a llegar a ninguna parte”, o al menos esa es la expresión de la cara, el modo que se le arruga su ancha frente y levanta una de sus cejas a la hora de corregirlo con su taza de café caliente sobre la mesa del despacho de mi querido padre.
De repente noto como si alguien estuviera respirando en mi nuca y rápidamente un escalofrío me recorre todo el cuerpo, salto de la silla sin ninguna discreción y miro hacia atrás para saber quién era, ¡oh no! la profesora, mi cara se me enrojece en cuestión de segundos y sin dudarlo me pregunta gritándome: “¿Cuándo piensas empezar el examen? , pareces que quieres verme otra vez en septiembre”, la iba a contestar, me estaba dejando en evidencia delante de toda la clase y eso no lo consiento, lo sabe perfectamente, por desgracia me conoce demasiado bien, pero de qué va, que se cree diciéndome eso, es que no se ha dado cuenta que todos lo saben desde hace mucho, venga por favor, que intenta demostrar. No sé si para bien o para mal, pero no la conteste, es más sentía los latidos del corazón en la misma garganta parecía que mi apreciado corazón quería estallar o salir de mi cuerpo, así que me tragué mi orgullo. Como sabe mis puntos débiles, como la odio, como… que revés da la vida, cuando menos te lo esperas, tuvo que venir ella a ocupar un sitio que nadie lo podrá sustituir ni con el tiempo. Volvamos a la situación:
La tensión se palpita en el ambiente, ella volvió a dirigirse a mí ahora muy impertinente: “Sé que te esfuerzas mucho y que tu inteligencia no da a más, pero de qué sirve si a la hora de la verdad, no te concentras, eh cielín, eso te pasa porque no dejas que te ayude, tú ya me entiendes, ¿verdad cariño?, será mejor que ya no hagas nada y que te relajes, te faltan diez minutos y lo que ya no has hecho, no lo vas hacer en lo poco que te queda.” Y marchándose a su sitio añade suspirando, ¡que tiene mucha paciencia conmigo!
Aparto la vista de ella, aunque me cuesta mucho, ya que me estoy acordando de toda su familia, que por desgracia es la mía, y además me doy cuenta que todos mis compañeros se están riendo de mí, algo insólito, siempre he sido la divertida de la clase, la que cae bien a todo el mundo y por desgracia tuvo que venir esta mujer, que se coló en mi vida por arte de magia.
Sudo exageradamente, además están corriendo sobre mi frente unas tres gotitas de un sudor frío y un segundo escalofrío me está recorriendo todo el cuerpo, creo que esto ya empieza a ser algo preocupante, además me tengo que olvidar de las vacaciones de verano, con esto quiero decir que este año no podré estar tumbada en la hamaca, tostándome al sol y notando en todos los poros de mi piel la brisa constante del mar ¡ay!, ni saldré por las noches hasta altas horas de la madrugada, ni si quiera me atiborraré de helados cada día, si no que me quedaré en Madrid, estudiando, sudando encerrada y muriéndome del asco, aguantando a este mujer día sí y día también. Al imaginarme todo este panorama empiezo incontroladamente a resoplar muchas veces, no dejo de observar las preguntas y…De repente me acuerdo de una respuesta, pero ya es imposible justo en ese momento suena el timbre, eso sólo significa una cosa que el tiempo ha terminado, así que el Dios Cronos ha cumplido su función ferozmente y yo debo entregar mi examen a la misma señora, que mi padre paga para darme clases particulares y que antes mi querida madre cumplía con satisfacción hasta que pasé a Bachiller, donde la materia ya es más difícil.

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